Sitio corporativo
La página que sostiene la marca: quiénes son, qué hacen, para quién y cómo contactar. Estructura por servicio y por sector para que cada búsqueda encuentre su página, no una sola página que intenta responder a todos.
Una página web no sirve por ser bonita: sirve cuando la encuentran, carga rápido en el teléfono de alguien con datos móviles y deja una conversación abierta. Construimos sitios corporativos, landings y catálogos con la misma disciplina con la que hacemos software: rendimiento medido, contenido pensado para búsqueda y analítica desde el primer día.
La diferencia entre uno y otro no es el precio: es qué tiene que lograr la página. Antes de diseñar nada definimos qué acción cuenta como resultado.
La página que sostiene la marca: quiénes son, qué hacen, para quién y cómo contactar. Estructura por servicio y por sector para que cada búsqueda encuentre su página, no una sola página que intenta responder a todos.
Una página con un solo objetivo, pensada para recibir tráfico de anuncios. Mensaje, prueba y formulario en la misma pantalla, con seguimiento de conversión conectado a la campaña que la paga.
Productos o servicios con su ficha, su búsqueda y su filtro, y un carrito que termina en una cotización por WhatsApp o correo. Ideal cuando el precio depende del volumen y no se vende en línea directamente.
Cuando el sitio público es solo la puerta: clientes que consultan su estado, descargan documentos o suben información. Ahí la página se convierte en aplicación y entra el desarrollo a medida.
La mayoría de páginas web en Guatemala se entregan sobre una plantilla comprada, con veinte funciones que nadie usa cargando en segundo plano. El resultado se ve bien en la computadora de la agencia y tarda cinco segundos en abrir en un teléfono con señal regular. Google mide eso y lo penaliza; el cliente que estaba a punto de escribir, se va.
Nosotros escribimos el sitio, medimos lo que pesa cada imagen y cada script, y lo publicamos con la estructura de datos que los buscadores y los asistentes de inteligencia artificial necesitan para entender de qué trata cada página. Este mismo sitio que estás leyendo está hecho así.
Y cuando el sitio necesita hacer algo más que informar (calcular, reservar, cobrar, integrarse con un sistema), no cambiamos de proveedor: ese es exactamente nuestro trabajo el resto del tiempo.
Un sitio corporativo estándar toma entre tres y seis semanas. Lo que más tarda casi nunca es el código: es reunir los textos, las fotos y las decisiones.
Definimos la acción que cuenta: una conversación de WhatsApp, un formulario, una llamada. Todo lo demás se subordina a eso. Aquí también se decide qué páginas hacen falta y por qué búsqueda debería encontrarse cada una.
Armamos el mapa del sitio y redactamos con ustedes. El contenido lo conoce el cliente; nosotros lo ordenamos para que responda a lo que la gente pregunta y no a lo que la empresa quisiera decir.
Diseño propio sobre la identidad de la marca y desarrollo directo. Se revisa en un enlace de prueba, en teléfono y en computadora, antes de tocar el dominio real.
Dominio, certificado, analítica, Search Console y sitemap enviado. Desde ese día se puede ver qué búsquedas traen gente y qué páginas convierten.
Nadie puede dar un precio serio sin saber tres cosas: cuántas páginas distintas hacen falta, quién escribe el contenido y si el sitio tiene que hacer algo además de informar. Un sitio de cinco páginas con textos ya escritos no se parece en nada a un catálogo de trescientos productos que se sincroniza con un inventario.
El número de plantillas distintas (no de páginas: veinte páginas con la misma plantilla cuestan casi lo mismo que una), las integraciones con sistemas existentes, el contenido que hay que producir desde cero (redacción, fotografía, video) y los idiomas.
El hospedaje de un sitio corporativo bien construido cuesta poco y a veces nada. Si alguien cobra una mensualidad alta solo por «mantener el sitio en línea» sin decir qué incluye, conviene preguntar qué se está pagando.
Cotizamos por alcance cerrado y por fases, con lo que está incluido y lo que no escrito antes de empezar. Si el proyecto crece a mitad de camino, se cotiza el cambio; no aparece en la factura final como sorpresa.
Un sitio corporativo estándar toma entre tres y seis semanas desde que están definidos los contenidos. Una landing de campaña puede estar publicada en una semana. Lo que más alarga el proyecto es esperar textos, fotos y aprobaciones, no el desarrollo.
Aparecer se logra publicando la página, verificándola en Search Console y enviando el sitemap; eso lo hacemos siempre y suele tomar días. Aparecer arriba para una búsqueda competida es otra cosa: depende del contenido, de la antigüedad del dominio y de quién enlaza al sitio. Lo que garantizamos es que la parte técnica no sea el obstáculo y que se pueda medir el avance.
Sí, cuando tiene sentido. Si el sitio va a cambiar seguido conectamos un gestor de contenido para que su equipo edite sin tocar código. Si son cinco páginas que cambian una vez al año, un gestor añade peso y riesgo sin aportar nada: en ese caso los cambios los hacemos nosotros.
Trabajamos con WordPress cuando el cliente ya lo tiene y quiere seguir ahí, o cuando publica contenido a diario. Para sitios corporativos preferimos construir el sitio directamente: pesa mucho menos, carga más rápido y no arrastra actualizaciones de plugins ni vulnerabilidades de terceros. La decisión se conversa, no se impone.
Configuramos ambos y podemos dejarlos a nombre de la empresa desde el inicio: el dominio debe ser propiedad del cliente, siempre. El costo del dominio y del hospedaje se factura aparte o se transfiere a la cuenta de la empresa, para que nadie quede atado a su proveedor por tener las llaves de su propio sitio.
Hacemos el sitio, la medición y el seguimiento de conversión, y conectamos las campañas a Rumbo, nuestra plataforma de gestión comercial, para que los contactos que llegan de un anuncio no se pierdan. La gestión creativa de redes la hacen aliados nuestros o el equipo del cliente.
Cuando el sitio se queda corto y lo que se necesita es una aplicación.
Para dimensionar el presupuesto antes de pedir propuestas.
Que el formulario del sitio no termine en un correo que nadie abre.
Cuánto cuesta el sitio y qué se sigue pagando cada año.
Cuéntanos qué dirección tiene hoy y qué te gustaría que pasara cuando alguien llega. Revisamos el sitio, te decimos qué lo está frenando y si conviene arreglarlo o rehacerlo.
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