Renovaciones avisadas a tiempo
El sistema sabe qué membresías vencen esta semana y escribe antes, no después. El socio recibe el aviso con la fecha y la forma de pagar, y quien atiende ve quién ya respondió y quién no.
En un gimnasio el dinero no se pierde en la venta: se pierde en la renovación. La membresía vence un martes, nadie avisa, el socio deja de venir dos semanas y para cuando alguien se acuerda ya se inscribió en otro lado. Mientras tanto el WhatsApp del gimnasio acumula preguntas de horarios y precios que se contestan cuando alguien tiene un rato.
Nada de esto exige cambiar el torniquete ni el sistema de acceso. Exige que alguien conteste siempre y que las fechas no dependan de la memoria de nadie.
El sistema sabe qué membresías vencen esta semana y escribe antes, no después. El socio recibe el aviso con la fecha y la forma de pagar, y quien atiende ve quién ya respondió y quién no.
Las tres preguntas de siempre —cuánto cuesta, a qué hora abren, si hay clase de spinning hoy— se responden a cualquier hora con la información cargada, no con lo que recuerde quien esté en recepción.
El interesado pregunta por una clase, ve si queda campo y queda anotado. Se acaba la lista en papel que solo existe en el mostrador y que nadie puede consultar desde afuera.
Para el que ya se atrasó, el recordatorio es una conversación, no un regaño: se le recuerda, se conversa la fecha y queda registrado el compromiso. Si pide hablar con alguien, entra una persona.
Quien no aparece hace tres semanas todavía es cliente. Con el registro de asistencia se puede escribirle a tiempo, que es lo único que a veces hace falta para que vuelva.
Cada conversación queda guardada. Al final del mes se ve cuánta gente preguntó el precio y no se inscribió, y a qué hora escriben los que sí lo hacen.
El primer problema de un gimnasio en Guatemala no es el software de membresías: es que su WhatsApp se queda sin contestar en las horas en que la gente decide inscribirse, que son la noche y el domingo. Por eso el punto de partida es que ese número responda bien siempre.
Eso lo hace Dilo, el agente de inteligencia artificial de Haricode: contesta con los planes, los horarios y las reglas del gimnasio, recuerda pagos y traspasa a una persona cuando la conversación lo pide. Se activa en días y su costo empieza en Q490 al mes.
Cuando eso está resuelto aparece lo demás: control de membresías con vencimientos, reserva de clases con cupo, asistencia, rutinas o un tablero con la retención mes a mes. Eso se construye a medida sobre lo que ya funciona, y se conecta con el control de acceso que el gimnasio ya tenga.
Se cargan los planes con sus precios y vigencias, los horarios, las clases y lo que el agente no debe hacer nunca. Lo revisa el dueño; el sistema no inventa promociones.
Se conecta el número del gimnasio, el que ya usan o uno nuevo para separar la atención automática de las conversaciones del entrenador.
El agente contesta y el equipo revisa las conversaciones reales. Ahí se ajusta el tono, se corrigen respuestas y se agregan las preguntas que nadie había previsto.
Con la atención resuelta se decide qué sigue: vencimientos, cupos, asistencia, reportes de retención o la conexión con el control de acceso.
No. El torniquete, la huella o la tarjeta siguen igual. Esto atiende el WhatsApp y las fechas de renovación, que es lo que hoy no atiende nadie de forma consistente. Si después conviene conectarlos, se conecta.
Contesta de forma natural y con el nombre del gimnasio, y nunca dice ser humano si se lo preguntan directamente. Lo que la gente nota es que le respondieron un domingo a las nueve de la noche.
Puede recordar el pago, conversar la fecha y enviar un enlace de pago en la misma conversación, y confirmar cuando el pago entra. Quien decide las condiciones y las excepciones sigue siendo el gimnasio.
Los planes de Dilo para negocios empiezan en Q490 al mes y están publicados en dilotodo.com. El control de membresías a medida se cotiza aparte, por fases.
Sí. Puede atender con un número por sede o con uno solo que pregunte de cuál se trata y responda con sus horarios, sus clases y sus precios. Los reportes se ven por sede y en conjunto.
El mismo problema de agenda visto desde un salón o un spa.
Lo que cuesta que ese número conteste solo, con cifras reales.
Renovaciones, cobros y avisos que hoy dependen de que alguien se acuerde.
La misma mensualidad, vista desde una academia.
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