Reservas que no se pierden
El agente pregunta fecha, hora, cuántas personas y a nombre de quién, confirma y deja la reserva anotada. Nadie tiene que descifrar después una libreta con tachones ni recordar quién llamó a las once de la noche.
El teléfono de un restaurante suena justo cuando el salón está lleno. La reserva se anota en una libreta, el pedido a domicilio se pierde entre veinte conversaciones y el menú que circula por WhatsApp es una foto de hace ocho meses con precios viejos. Eso se arregla, y no hace falta cambiar el punto de venta para lograrlo.
Ninguna de estas cosas necesita un sistema nuevo completo. Necesitan que alguien conteste bien, siempre, y que lo que se acuerda quede escrito en algún lado.
El agente pregunta fecha, hora, cuántas personas y a nombre de quién, confirma y deja la reserva anotada. Nadie tiene que descifrar después una libreta con tachones ni recordar quién llamó a las once de la noche.
Toma el pedido con los platos y las cantidades, pregunta la dirección y la zona, aplica el costo de envío que corresponde y lo pasa completo a quien despacha. Sin la cadena de veinte mensajes sueltos.
El menú vive en un solo lugar. Cuando cambia un precio, cambia en la respuesta del mismo día; deja de circular la foto vieja que genera discusiones en la mesa.
Una reserva de cuarenta personas no la cierra un bot. La detecta, recoge los datos y avisa de inmediato a la persona que sí puede cotizarla, en lugar de dejarla esperando hasta el día siguiente.
Para eventos, catering o pedidos grandes, el enlace de pago sale en la misma conversación y el sistema confirma cuando entra. Menos reservas que no llegan.
Cada conversación queda registrada. Al final del mes se puede ver qué preguntó la gente, a qué hora escribió y qué se pidió que no estaba disponible.
En Guatemala el restaurante no se busca en una aplicación: se le escribe por WhatsApp. Por eso el primer paso no es un sistema de gestión completo, sino que ese número conteste bien las veinticuatro horas, con el menú correcto y las reglas del local.
Eso lo hace Dilo, el agente de inteligencia artificial de Haricode: contesta con el nombre del restaurante, sus platos, sus precios y sus horarios, y traspasa a una persona cuando la conversación lo pide. Se activa en días y su costo empieza en Q490 al mes.
Cuando el volumen crece aparecen las otras necesidades: conectar el pedido con el punto de venta, un panel de reservas por turno, control de mermas o reportes por sucursal. Ahí se construye a medida sobre lo que ya funciona, en lugar de reemplazarlo todo de golpe.
Se cargan los platos, los precios, las zonas de entrega, los horarios y lo que el agente no debe hacer nunca. Esto lo revisa el dueño, no lo inventa el sistema.
Se conecta el número del restaurante. Puede ser el que ya usan, con la migración correspondiente, o uno nuevo para separar la atención automática.
El agente contesta y el equipo revisa las conversaciones reales. Ahí se ajusta el tono, se corrigen respuestas y se agregan las preguntas que no se habían previsto.
Con la atención resuelta se decide qué sigue: panel de reservas, conexión con el punto de venta, reportes por sucursal o pedidos con pago en línea.
No, y no debería. El punto de venta cobra y controla caja; esto atiende el WhatsApp, que hoy no atiende nadie de forma consistente. Se pueden conectar después, cuando el volumen lo justifique.
Contesta de forma natural y con el nombre del restaurante, y nunca dice ser humano si se lo preguntan directamente. En la práctica lo que la gente nota es que le respondieron a las once de la noche, que es de lo que se trata.
Responde solo con la información cargada; no inventa precios ni platos. Si le preguntan algo que no está en su menú, lo dice y ofrece pasar la conversación a una persona. Cuando cambia un precio, se actualiza en un solo lugar.
Los planes de Dilo para negocios empiezan en Q490 al mes y están publicados en dilotodo.com. Los desarrollos a medida sobre esa base se cotizan aparte, por fases.
Sí. Se puede atender con un número por sucursal o con uno solo que pregunte de qué local se trata y responda con su menú, su horario y su zona de entrega. Los reportes se ven por local y en conjunto.
Lo que cuesta atender pedidos y reservas por WhatsApp.
Del pedido a la cocina sin que nadie transcriba nada.
El mismo problema visto desde un hotel que también da comida.
Con el menú, el horario y las zonas de entrega podemos mostrarte una conversación de prueba con tu propio restaurante antes de que contrates nada.
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