Citas contra la agenda real
Cada servicio tiene su duración y cada especialista su horario. Se agenda contra eso, no contra una libreta compartida donde caben dos cortes a la misma hora.
En un salón la agenda es el negocio: una silla vacía a las tres de la tarde no se recupera nunca. Y la agenda se llena por WhatsApp, mientras la persona que contestaría está con las manos ocupadas en un tinte. Así se pierden citas que ya estaban ganadas y se acumulan ausencias que nadie confirmó la noche anterior.
Un salón no necesita un sistema complejo. Necesita que la agenda se llene sola y que las citas se confirmen antes del día.
Cada servicio tiene su duración y cada especialista su horario. Se agenda contra eso, no contra una libreta compartida donde caben dos cortes a la misma hora.
El recordatorio del día anterior con opción de confirmar o reprogramar es lo más barato que existe para llenar la silla: quien no puede venir lo dice a tiempo y ese espacio se ofrece.
Los servicios y sus precios se contestan igual siempre, con lo que el salón tenga cargado. Deja de depender de quién conteste ese día.
Para tratamientos de varias sesiones, queda registrado cuántas lleva cada cliente y cuántas le faltan, sin la tarjeta de cartón que siempre se pierde.
En un servicio de tres horas la ausencia duele. El anticipo se cobra con un enlace en la misma conversación y filtra a quien no iba a llegar.
Con el historial se ve quién no ha regresado en tres meses. Un mensaje a tiempo recupera más clientes que cualquier promoción nueva.
En un salón o un spa de Guatemala la pérdida no está en la caja: está en la agenda. Las citas se piden por WhatsApp a cualquier hora y se contestan cuando alguien puede, que suele ser tarde.
Dilo, el agente de inteligencia artificial de Haricode, contesta servicios, precios y disponibilidad, agenda contra la agenda de cada especialista, manda el recordatorio del día anterior y traspasa a una persona cuando hace falta. Empieza en Q490 al mes.
Después vienen el control de paquetes y sesiones, el historial por cliente, la comisión por especialista o el inventario de producto. Eso se construye a medida, por fases, sobre lo que ya está funcionando.
Se cargan los servicios con su duración y precio, los especialistas con su horario y las reglas del salón: anticipos, cancelaciones, tiempos entre citas.
Se conecta el número por el que ya escriben las clientas, o uno nuevo para separar la atención automática de los mensajes personales.
El agente agenda y el equipo revisa las conversaciones reales antes de dejarlo suelto. Ahí se ajusta el tono y se corrigen los casos raros.
Con la agenda resuelta se decide qué sigue: paquetes y sesiones, historial por clienta, comisiones o inventario de producto.
Sí. Si la clienta pide a alguien en particular, agenda contra el horario de esa persona; si le da igual, ofrece el primer espacio disponible. Cada servicio ocupa la duración que el salón le haya puesto.
Baja la ausencia que nadie avisó, que es la que duele. El recordatorio del día anterior con opción de confirmar o mover hace que quien no puede venir lo diga a tiempo y que ese espacio se pueda ofrecer.
Sí. Cuanto más chico el local, menos gente hay libre para contestar el teléfono mientras se atiende, y más se nota que las citas entren solas.
Sí, con un enlace de pago en la misma conversación. Conviene sobre todo en servicios largos, donde una ausencia deja tres horas muertas.
Los planes de Dilo para negocios empiezan en Q490 al mes y están publicados en dilotodo.com. El control de paquetes y las comisiones a medida se cotizan aparte.
El mismo problema de agenda y renovación en un gimnasio.
Si el centro además da servicios con criterio médico.
Lo que cuesta agendar y recordar por WhatsApp.
Con tus servicios, tus especialistas y tus horarios podemos mostrarte cómo quedaría la agenda antes de que contrates nada.
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