Autorización por escrito
La cotización se manda por WhatsApp con el detalle y el cliente responde ahí mismo. Queda la hora, el texto y quién aceptó. Se acaba la discusión sobre qué se había autorizado.
Un taller vive de dos cosas que casi nunca están escritas: lo que el cliente autorizó y lo que ya se le hizo al vehículo. Cuando ambas viven en la memoria del jefe de taller y en llamadas sueltas, aparecen los reclamos de «yo nunca dije que cambiaran eso» y se pierden los servicios que tocaba recordar a los seis meses.
Un taller no necesita un sistema enorme. Necesita que lo autorizado quede escrito, que el historial no dependa de una persona y que el cliente sepa cuándo volver.
La cotización se manda por WhatsApp con el detalle y el cliente responde ahí mismo. Queda la hora, el texto y quién aceptó. Se acaba la discusión sobre qué se había autorizado.
Cada placa con lo que se le hizo, cuándo y con qué repuesto. Sirve para cotizar más rápido, para defender un trabajo y para saber qué le toca al carro la próxima vez.
El cliente pide cita por WhatsApp y queda anotada con su vehículo y el servicio. El taller deja de recibir cinco carros a la misma hora porque todos «venían temprano».
A los kilómetros o a los meses que corresponda, el sistema le escribe al cliente para el siguiente cambio. Es el trabajo más barato de conseguir y el que más se olvida.
La pregunta de siempre —¿ya está listo?— se contesta sola, sin sacar a nadie del taller para atender el teléfono.
Lo que se pidió, lo que llegó y cuánto tardó. Con eso se sabe qué proveedor atrasa los trabajos y cuál no.
La mayoría de los talleres no pierde dinero por falta de un sistema de órdenes: lo pierde porque el WhatsApp se queda sin contestar mientras todos están debajo de un carro, y porque lo que se acordó no está escrito en ningún lado.
Por eso el primer paso es que ese número conteste: Dilo, el agente de inteligencia artificial de Haricode, responde servicios y precios de referencia, agenda citas, avisa el estado de un trabajo y traspasa a una persona cuando la conversación lo pide. Empieza en Q490 al mes.
Con eso resuelto se construye lo específico del taller: órdenes de trabajo, historial por placa, control de repuestos, tiempos por mecánico o facturación con FEL. Eso se hace a medida, por fases y sobre lo que ya está funcionando.
Se cargan los servicios, los precios de referencia, los tiempos habituales y lo que el agente nunca debe cotizar sin que lo vea una persona.
Se conecta el número del taller, el que ya usan los clientes o uno nuevo para separar la atención de las conversaciones internas.
El agente contesta y el equipo revisa las conversaciones reales, corrige respuestas y agrega lo que faltaba.
Con la atención resuelta se construye lo del taller: órdenes de trabajo, historial por placa, repuestos y reportes por mecánico.
No, y no debería. Da precios de referencia de los servicios cargados y, para todo lo que necesita diagnóstico, agenda la revisión y avisa a una persona. Un precio inventado cuesta más caro que una llamada.
Como constancia de lo acordado, sí: queda el texto, la hora y de qué número salió. No sustituye una orden de trabajo firmada cuando el monto lo amerita, pero evita la mayoría de los reclamos, que son sobre trabajos pequeños que nadie anotó.
Al principio no. Cuando el volumen lo justifique, se conecta con el sistema que ya usen y con la factura electrónica FEL, para no capturar dos veces lo mismo.
Los planes de Dilo para negocios empiezan en Q490 al mes y están publicados en dilotodo.com. Las órdenes de trabajo y el historial a medida se cotizan aparte.
Que llame. Esto no quita el teléfono: quita que se pierdan los mensajes de las horas en que nadie puede contestar, que en un taller son casi todas.
Facturar el servicio sin capturar dos veces lo mismo.
Cuánto cuesta contestar y cotizar por WhatsApp.
Órdenes de trabajo e historial por placa, construidos a la medida.
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