Desarrollo de páginas web
Cómo trabajamos un sitio, de la primera reunión a la publicación.
Las cotizaciones de páginas web en Guatemala van de Q1,500 a más de Q80,000, y casi nunca comparan lo mismo. La diferencia rara vez está en el diseño: está en si el sitio se construye o se arma sobre una plantilla, en quién escribe el contenido y en qué pasa el año siguiente. Esta guía explica qué mueve el precio, qué se sigue pagando después de publicar y cómo leer dos cotizaciones que dicen «página web» y no son lo mismo.
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Casi todo el mundo pide una cotización describiendo cómo quiere que se vea el sitio. Pero el trabajo, y por lo tanto el precio, se va en otras cosas: cuántas páginas distintas hay que escribir, si el contenido lo entrega el cliente o lo redacta el proveedor, si hay funciones más allá de informar, y qué compromiso de mantenimiento queda después.
No es lo mismo un sitio de cinco páginas que uno de treinta. Y las que más pesan no son las de «Nosotros» o «Contacto», sino las que se escriben para posicionar: una por servicio y una por sector, cada una con su título, su texto y sus datos estructurados. Eso es lo que hace que el sitio aparezca en Google, y es trabajo de escritura además de trabajo de programación.
Es la variable que más subestiman las dos partes. Un sitio se atrasa meses porque el cliente nunca manda los textos y las fotos. Si el proveedor los redacta, el precio sube pero el sitio se publica; si los pone el cliente, el precio baja y el riesgo de atraso lo asume él. Conviene que la cotización lo diga con todas sus letras.
Un catálogo con búsqueda, un cotizador, un área privada para clientes, una reserva en línea o un cobro con tarjeta ya no son «una página web»: son una aplicación con una portada. Ahí se entra en el terreno del desarrollo a medida y el orden de magnitud es otro.
Una cotización que no menciona hospedaje, dominio, actualizaciones ni soporte está incompleta, no barata. Ese costo existe siempre; la pregunta es quién lo paga y cuánto es.
Los rangos son orientativos y sirven para ubicar la conversación, no para reemplazar una cotización. Están en quetzales porque así se contrata la mayoría de los sitios en Guatemala.
| Tipo de sitio | Qué incluye | Tiempo típico | Rango orientativo |
|---|---|---|---|
| Landing de una página | Una sola página con la oferta, la prueba y el botón de WhatsApp. Sirve para una campaña de anuncios o para existir en internet mientras llega algo más grande. | 1 a 2 semanas | Q3,000 – 8,000 |
| Sitio corporativo | Entre cinco y diez páginas: quiénes son, servicios, contacto y algo de contenido. Diseño propio, responsivo, con analítica y datos estructurados. | 3 a 6 semanas | Q8,000 – 25,000 |
| Sitio orientado a posicionar | Veinte o más páginas escritas para búsquedas concretas: una por servicio, una por sector, guías. Con la arquitectura, los datos estructurados y la medición para competir en Google. | 2 a 4 meses | Q25,000 – 70,000 |
| Sitio con funciones | Catálogo con búsqueda, cotizador, reservas, área privada de clientes o cobro en línea. Ya no es solo una web: es software con portada. | Desde 2 meses | Desde Q45,000 |
Los rangos suponen contenido provisto por el cliente y una identidad de marca ya existente. Redactar los textos, producir fotografía o diseñar la marca desde cero se cotizan aparte y pueden mover el total de forma considerable.
La cotización más cara del mercado suele ser la que solo habla del primer pago. Un sitio publicado tiene costos que siguen corriendo, y conviene saberlos antes de comparar.
Entre USD 12 y USD 40 al año según la extensión. Un `.com.gt` o un `.gt` cuesta más que un `.com`. Debe estar registrado a nombre de la empresa, no del proveedor: es el error que más caro sale cuando se cambia de agencia.
Desde prácticamente cero para un sitio estático hasta unos USD 20-60 al mes si el sitio tiene base de datos o área privada. Un sitio corporativo bien construido no necesita un servidor caro.
Si el sitio corre sobre un gestor de contenidos con complementos, hay que actualizarlo: es la vía de entrada de la mayoría de los sitios hackeados en Guatemala. Ese mantenimiento suele cotizarse entre Q500 y Q2,500 al mes según el tamaño.
Precios que cambian, servicios nuevos, un artículo al mes. O lo hace el proveedor por horas, o el sitio tiene que permitir que lo haga el cliente. Conviene decidirlo antes de publicar, no después.
La respuesta correcta es «de su empresa». Si queda a nombre del proveedor, cambiar de agencia deja de ser una decisión técnica y pasa a ser una negociación.
Un número y un responsable. «Las páginas que necesite» no es un alcance, y es la puerta por la que entran los proyectos que nunca terminan.
No hay una respuesta única correcta, pero sí una consecuencia: una plantilla comprada abarata el primer pago y encarece cada cambio posterior. Y suele cargar veinte funciones que el sitio no usa, lo que Google mide y penaliza.
Un sitio sin analítica y sin eventos de conversión es un folleto. Si la cotización no menciona cómo se sabrá cuántos contactos llegaron por el sitio, nadie va a poder responder esa pregunta en seis meses.
La diferencia entre poder hacerlo en dos minutos y depender de una solicitud por correo con costo por hora se decide al construir el sitio, no después.
En Haricode escribimos los sitios en lugar de armarlos sobre una plantilla comprada. Medimos lo que pesa cada imagen y cada script y publicamos con los datos estructurados que los buscadores y los asistentes de inteligencia artificial necesitan para entender de qué trata cada página.
El sitio que está leyendo está hecho así, y su historial es público: pasó de seis páginas a más de treinta escritas para búsquedas concretas, con un validador que rompe la publicación si una página nueva no está a la vez en el sitemap, en la lista de indexables y en el archivo que leen los asistentes de IA.
Y cuando el sitio necesita hacer algo más que informar —calcular, reservar, cobrar, integrarse con un sistema— no hay que cambiar de proveedor: eso es lo que hacemos el resto del tiempo.
Una landing de una sola página ronda entre Q3,000 y Q8,000, y un sitio corporativo de cinco a diez páginas, entre Q8,000 y Q25,000, suponiendo que el contenido lo entrega el cliente y que ya existe una identidad de marca. Por debajo de eso normalmente se está comprando una plantilla configurada, que abarata el primer pago y encarece cada cambio posterior.
Porque no cotizan lo mismo. La barata suele ser una plantilla con el logo cambiado, sin contenido escrito para búsqueda, sin analítica y con el dominio a nombre del proveedor. La cara suele incluir la escritura de veinte o más páginas, la arquitectura para posicionar y la medición. Ninguna de las dos está mal: hay que saber cuál se está comprando.
El dominio, entre USD 12 y USD 40 al año según la extensión, y el hospedaje, que va desde casi nada en un sitio estático hasta unos USD 60 al mes si hay base de datos. Si el sitio corre sobre un gestor de contenidos con complementos, hay que sumar el mantenimiento de seguridad, que suele cotizarse entre Q500 y Q2,500 al mes.
Depende de quién lo va a mantener. WordPress facilita que una persona no técnica cambie textos, y a cambio exige actualizaciones constantes: los complementos desactualizados son la vía de entrada de la mayoría de los sitios comprometidos. Un sitio escrito a mano carga más rápido y no se hackea por un complemento, pero cambiar el contenido depende de quien lo construyó, salvo que se prevea desde el diseño.
Indexarse toma días o pocas semanas si el sitio se publica bien y se envía en Search Console. Rankear por una búsqueda con competencia es otra cosa: meses de contenido y enlaces. Cualquiera que prometa primera posición en semanas está prometiendo algo que no controla, y conviene tomarlo como señal.
No por existir. Trae clientes cuando responde a búsquedas que la gente hace de verdad, carga rápido en un teléfono y deja una conversación abierta. Por eso importa más cuántas páginas útiles tiene y cómo se mide, que cuántas animaciones lleva la portada.
Cómo trabajamos un sitio, de la primera reunión a la publicación.
Si lo que hace falta no es un sitio sino una aplicación.
Ya con el presupuesto, qué exigir por escrito antes de pagar.
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